miércoles, 9 de marzo de 2016

¿Por qué ahora y no antes?


El artículo de opinión “Yo no fui a la marcha” de Lalo Santos apunta algunos aspectos que pueden resultar interesantes para su análisis. La primera pregunta establecida es “¿Por qué ir a la marcha?”, aspecto que se va respondiendo a lo largo del escrito. Se indica una posible respuesta: la defensa de la UV de los ataques del actual gobierno. La siguiente pregunta, la que me parece substancial en el escrito, es: “¿Por qué «defender» ahora a la UV y no hace un año, hace dos?”. La posible respuesta es que sólo hasta ahora está "en riesgo el futuro de la Máxima Casa de Estudios”. Considero que la conjetura carece de profundidad al no tomar en cuenta varios aspectos. El autor reitera su reflexión al preguntarse el porqué de la inactividad pues considera que, como acción común, al parecer es necesario llegar a un punto crítico para atender el problema. 

Lo anterior es complejo por varios sentidos. Para explicar el fenómeno traigo un símil propuesto por David Runciman en su artículo “Una marea de estiércol” publicado en Letras Libres (2016). El problema del cambio climático conlleva la pregunta ¿por qué ahora y no antes? Runciman señala con la analogía del escritor el cual se prepara constantemente para publicar un libro pero teme que la información sea insuficiente para lograr su propósito. Las políticas para atender el problema del cambio climático padecen esta incertidumbre: ¿qué debo hacer y cuándo? Se parece al llamado bloqueo del escritor: “Cuando hace mucho que tenías que haber entregado algo, es difícil ponerse en ello porque el momento nunca es el adecuado. ¿Por qué empezar ahora? […] Así que cuando se materialice la amenaza ya no habrá tiempo para actuar; si todavía hay tiempo, significa que la amenaza es todavía distante. Las amenazas y los incentivos nunca se alinean de forma productiva”. Lo anterior puede expresar de forma similar el problema del por qué ahora y no antes. La preocupación por el cambio climático y el de la exigencia de pagos por parte del gobierno estatal a la Universidad Veracruzana corren este dilema. 

¿Por qué actuar ahora y no antes? Pregunta que lleva, al parecer, implícita una imposición: si no lo hiciste antes, ¿por qué ahora? Considero que el hecho de no manifestarse con anterioridad no anula la posibilidad de hacerlo en un tiempo presente. Lamentablemente las acciones del pasado no pueden cambiarse. La demanda del pago establecida durante los últimos meses ha conllevado un proceso. La misma pregunta del autor puede desplazarse a otros eventos históricos: ¿por qué se dio tal manifestación o movimiento ese día en particular y no antes? Los procesos sociales conllevan una acumulación de circunstancias que difícilmente se pueden sistematizar para decidir "el día adecuado" para su reacción. Se puede pronosticar con cierta antelación la explosión de algún suceso dependiendo su gravedad pero sería extraño o difícil pensar en un momento idóneo para reaccionar. 

Entiendo que la queja de Santos recae sobre la inacción (institucional o colectiva) en varios momentos álgidos: la represión a estudiantes, pensionados, periodistas, maestros, etcétera. No olvidemos que se han hecho otro tipo de manifestaciones sobre estos sucesos lamentables, quizás no con la magnitud de las actuales marchas; no obstante se han producido diversas reacciones en el momento. Por otra parte, las posibles preguntas que surgen son: ¿qué problema merece mayor atención o cuáles son los criterios para determinar el orden de atención de los problemas sociales? Podemos pensar que hay un punto de articulación entre las varias afecciones: la resolución o búsqueda de justicia. Sería idóneo que la mayoría de los problemas sociales fueran respaldados por la ciudadanía en general; sin embargo observamos en la cotidianidad no sucede como lo esperamos. La realidad social es compleja e implica varios factores. A pesar de esto, considero no le resta importancia el hecho de que varios alumnos, profesores y administrativos salgan a manifestarse independientemente de sus justificaciones personales. 

Lo que me lleva al siguiente punto establecido por Santos. Indica que “Una marcha es una masturbación multitudinaria […] sentimos […] que estamos haciendo algo por «el bien de la sociedad». Llegamos a un éxtasis […] Fin del mitin, fin de la masturbación. Ya hice mi acción del día, ya puedo dormir en paz”. Nuevamente lo anterior se lee extraño pero al parecer se establecen dos dimensiones: a) la aparente banalización individual de lo que puede ser una acción política loable y b) las marchas como símbolo de un delirio hedonista colectivo. La situación nuevamente es compleja. La asistencia de un sujeto a una marcha conlleva de principio una toma de postura  (sin tomar en cuenta las razones por las cuáles lo ha hecho). Parece ser que el criterio para asistir a una marcha es ser coherente de forma permanente y sin grietas lo cual es difícil o imposible. Las circunstancias exceden a los sujetos pero esto no debería ser una forma para estigmatizar una decisión de inacción después de la marcha. Podría decirse: hoy marché, luego no quiero o no puedo. A la inversa: antes no salí a manifestarme pero ahora sí puedo y quiero. El sujeto no debería catalogarse como hipócrita por tener estas posibilidades. El segundo punto se refiere a una queja referida a la posibilidad de que se produzca un placer personal por realizar una acción. ¿Sería ideal una acción sin que produzca algún beneficio personal? Lo anterior es tachado como egoísta. Es peculiar la analogía entre la masturbación y la marcha. Al parecer el placer debe ser exiliado así como los poetas porque pervierten la idea de un estado ideal. 

La catarsis es necesaria y creo no debe ser estigmatizada. Santos continúa y nos dice: “somos tan perezosos que creemos que con marchar ya hemos resuelto el mundo, luego de la marcha el espíritu revolucionario se diluye, y después, ¿unas chelas?”. Es claro que no se cambia el mundo o no es el propósito puesto que nuestra finitud nos impide un cambio tan radical o ideal. Puede ser que alguien o varios asistan a una marcha pero sus motivos personales no restan resonancia colectiva. La semiótica del espacio, el ser parte de esa colectividad crea un eco el cual es difícil de advertir de manera inmediata por lo que la acción individual de aquél sujeto, en constante cambio, no anula el producto final: evidenciar una injusticia. No resta brillo ir por un café después de una marcha, somos humanos y hay otras actividades: trabajo, escuela, familia, proyectos, etcétera. 

A diferencia de Santos soy optimista. Considero que las acciones realizadas permiten visibilizar un malestar. Quizás la marcha del 26 de febrero de 2016 fue la primera vez para varios de los asistentes. Su formación cívica puede comenzar de esta manera y después de esto habrá tropezones en su proceso de aprendizaje. La educación es un aspecto colectivo por lo cual es necesario intentar construir una comunidad. Dicho aspecto es complicado y entiendo la queja de Santos al decir que al final “cada quién para su casa”. Sin embargo la cohesión colectiva es difícil de construir y es preciso alentarla. 

Es necesario colocarnos de manera contextual para intentar comprender la complejidad del asunto. La participación ciudadana es un proceso en constante construcción. Es un proyecto inacabado.