jueves, 3 de abril de 2014

Una tarde

La música clásica tiene el don de transportarte a momentos de tu pasado y de recordar (inventar) sucesos que quizás no han pasado. La pieza que suena se titula Las Hébridas, también conocida como Fingal´s Cave o La gruta de Fingal. La obra musical fue compuesta por Mendelssohn, compositor, director de orquesa y pianista de música romántica alemana. Al buscar información sobre la pieza (porque desconozco aún mucho de las historias detrás de la música) me encuentro con una feliz coincidencia entre mi intuición y la imaginación. La obra parece describir un paisaje, sobre todo la Gruta de Fingal en Escocia que es un gran atractivo turístico. Al ver las fotografías de la gruta uno puede imaginar el impacto que pudo haber causado en Mendelssohn. La gruta a lo lejos parece ser la entrada a un bosque donde los troncos son altas columnas que sostienen las copas de los árboles.

 El bosque es un tópico literario y, considero, romántico por antonomasia. Recuerdo los momentos agradables que me producía leer sobre el movimiento romántico. Leía en un momento de la vida donde la mente parecía abnegarse a sentir en exceso un dolor indefinido. Sentía empatía (siento) por los románticos porque me transportaron a un lugar lleno de árboles, altas montañas, una soledad inmensa acompañada (disculpen el oxímoron) por la naturaleza. En varias ocasiones mientras leía cualquier libro (novela, cuento, filosofía, teoría, etcétera) ponía de fondo música clásica. En ocasiones coincidía la lectura sobre teoría romántica. El sueño me seducía y me recostaba para apreciar entre lentas respiraciones la música. Me imaginaba caminando por bosques y montañas. Era transportado al mundo onírico, aquél donde los románticos veían un camino hacia el interior.

Leí con gran entusiasmo la novela corta El arenero, o El hombre de la arena de Hoffmann cuando tenía 25 años. La historia me hacía recordar mis días como niño cuando la realidad parecía extraña, o mejor aún, no estaba acostumbrada a ella. Los dibujos de la edición de los cuentos de Hoffmann que saqué de la biblioteca sugerían un pasado nostálgico. La niñera que contaba a Nataniel historias sobre el horrible arenero puede recordar a los que nacimos en México la historia del hombre del costal, el roba chicos o el coco. La mente de un niño, en mi caso particular, imaginaba al coco como un perro malvado. El hombre de siempre cambiaba de forma, no se mantenía quieto porque se alimentaba de los miedos y de las imágenes de películas de terror.


Del romanticismo se podría decir mucho pero podríamos enfocarnos en la idea de la renovación y recreación del mundo a partir del acto poético y artístico. Adriana Yáñez dice que los románticos nos hacen ver el mundo con inocencia y nos regresan a un estado en donde el miedo a la oscuridad es común. 
David Reyes

La palabra conlleva el silencio


Después de una larga ausencia me atrevo nuevamente a escribir. Leí recientemente que la palabra conlleva un silencio y de manera contraria. El periodo silencioso es necesario para distanciarse de uno y la vez reencontrarse. En todo este tiempo crecí un poco más en cuanto a la visión del mundo por varios motivos como el paso de los años, nuevas lecturas y experiencias. La propuesta es comenzar nuevamente a escribir, ensayar, jugar nuevamente con la palabra y tratar de exponer un pequeño horizonte. 
Sean bienvenidos. 
David Reyes