La música clásica tiene el don de transportarte a momentos
de tu pasado y de recordar (inventar) sucesos que quizás no han pasado. La
pieza que suena se titula Las Hébridas,
también conocida como Fingal´s Cave o
La gruta de Fingal. La obra musical
fue compuesta por Mendelssohn, compositor, director de orquesa y pianista de
música romántica alemana. Al buscar información sobre la pieza (porque
desconozco aún mucho de las historias detrás de la música) me encuentro con una
feliz coincidencia entre mi intuición y la imaginación. La obra parece
describir un paisaje, sobre todo la Gruta de Fingal en Escocia que es un gran
atractivo turístico. Al ver las fotografías de la gruta uno puede imaginar el
impacto que pudo haber causado en Mendelssohn. La gruta a lo lejos parece ser
la entrada a un bosque donde los troncos son altas columnas que sostienen las
copas de los árboles.
El bosque es un
tópico literario y, considero, romántico por antonomasia. Recuerdo los momentos
agradables que me producía leer sobre el movimiento romántico. Leía en un
momento de la vida donde la mente parecía abnegarse a sentir en exceso un dolor
indefinido. Sentía empatía (siento) por los románticos porque me transportaron
a un lugar lleno de árboles, altas montañas, una soledad inmensa acompañada
(disculpen el oxímoron) por la naturaleza. En varias ocasiones mientras leía
cualquier libro (novela, cuento, filosofía, teoría, etcétera) ponía de fondo
música clásica. En ocasiones coincidía la lectura sobre teoría romántica. El
sueño me seducía y me recostaba para apreciar entre lentas respiraciones la
música. Me imaginaba caminando por bosques y montañas. Era transportado al
mundo onírico, aquél donde los románticos veían un camino hacia el interior.
Leí con gran entusiasmo la novela corta El arenero, o El hombre de la
arena de Hoffmann cuando tenía 25 años. La historia me hacía recordar mis
días como niño cuando la realidad parecía extraña, o mejor aún, no estaba
acostumbrada a ella. Los dibujos de la edición de los cuentos de Hoffmann que
saqué de la biblioteca sugerían un pasado nostálgico. La niñera que contaba a
Nataniel historias sobre el horrible arenero puede recordar a los que nacimos
en México la historia del hombre del costal, el roba chicos o el coco. La mente
de un niño, en mi caso particular, imaginaba al coco como un perro malvado. El
hombre de siempre cambiaba de forma, no se mantenía quieto porque se alimentaba
de los miedos y de las imágenes de películas de terror.
Del romanticismo se podría decir mucho pero podríamos
enfocarnos en la idea de la renovación y recreación del mundo a partir del acto
poético y artístico. Adriana Yáñez dice que los románticos nos hacen ver el
mundo con inocencia y nos regresan a un estado en donde el miedo a la oscuridad
es común.
David Reyes
No hay comentarios:
Publicar un comentario