Dorothea Tanning
El 31 de julio de 2015 fue asesinado el periodista Rubén
Espinosa. Trabajó en la revista Proceso y su trabajo se enfocaba en los
movimientos sociales y el acoso que reciben los periodistas, entre otras líneas.
En esta historia se encuentra el caso de Regina Martínez Pérez, corresponsal de
Proceso y La Jornada. Al igual que Rubén, la periodista seguía casos de
violaciones sobre derechos humanos, abuso de autoridad y tráfico de drogas. Fue
asesinada el 29 de abril de 2012. El
periodista encontró sus últimos momentos en la Ciudad de México, lugar de
nacimiento. Su compañera pereció en Xalapa, ciudad de las flores.
Varios de los periodistas se
congregaron en la Plaza Lerdo-Regina para conmemorar a Rubén. Ambos casos
imprimen una simbología peculiar. Es difícil olvidar el 7 de mayo de 2015 y
el 29 de abril de 2016 cuando quitaron
la placa en honor a la periodista. ¿En qué radica la inconformidad del ayuntamiento
de Xalapa (o del gobierno estatal) por lo cual no permite dejar la placa?
Podríamos pensar en un acto de empatía en donde alcaldía y de los demás políticos,
que conforman la fauna gubernamental en el estado de Veracruz, salieran a
apoyar la colocación de tal símbolo en las escalinatas de la Plza. No obstante,
el caso no es así.
El caso anterior no parece tan
violento como el desalojo de maestros, civiles, estudiantes y demás personas
que mostraron su apoyo el día 14 de septiembre de 2014. Supimos, casi por
oídas, que los presentes fueron agredidos por los policías los cuales contaban
con macanas eléctricas. Recién salió un video atestiguando el evento. El
periodista Rubén sale aparece dando su testimonio de lo ocurrido. Él menciona
que por esas fechas había un temor, una paranoia colectiva, los maestros no
confiaban en la mayoría de los medios de comunicación.
No es de extrañarnos que esto
suceda cuando el discurso de varios políticos, aquella palabrería que parece
letanía, señala que en el estado “sólo hay robos de frutsis y gansitos”. A
pesar de las varias observaciones que se le han hecho al gobierno de estado de
Veracruz, al parecer la ficción nos supera. Pienso en la imagen creada de la
reina de corazones que aparece en la película Alicia en el país de las maravillas (2010) preguntando a su
compañero Stayne si es mejor ser temido que amado. No es un secreto que esta
frase provenga de “El príncipe” de Nicolás Maquiavelo. La idea parece ser una
constante en la política: “Surge de aquí un dilema, a saber: si es mejor ser
amado que temido o al contrario. Al que se responde que lo mejor sería una y
otra cosa a un mismo tiempo, pero que al ser difíciles de conciliar, es mucho
más seguro ser temido que amado cuando se haya de prescindir de una de las dos”
(2011: p. 56). Esta idea sigue a la concepción de que mientras sean
beneficiados los hombres son fieles,
del caso contrario se darán “media vuelta”.
Durante las campañas los
candidatos electos transitan por las calles, buscan ser amados a partir de
promesas, proveen de esperanza. Muchas de las personas involucradas en las
candidaturas obtendrán puestos cuyo pago será, por mucho, satisfactorio. Al
pasar de los días y mientras la complejidad de las demandas sociales va en
aumento (independientemente de su justificación ética), el tono agradable se
torna en un murmullo: “es mejor ser temido”.
A pesar de esto sigue un reclamo
de equidad y de justicia. Entre la complejidad de la sociedad surge la
narración de aquél libro de 1945 Rebelión
de la granja. Los animales residentes comienzan a crear leyes y las últimas
rezan así: “Ningún animal matará a otro animal. Todos los animales son iguales”.
Con el paso de la historia son modificadas las leyes hasta llegar al extremo de
modificar el último estatuto: “Todos los animales son iguales, pero algunos
animales son más iguales que otros”. La alegoría es clara, los cerdos, quienes
comienzan a dirigir la granja, terminan traicionando estos principios, de
prohibir el uso de la ropa y el consumo de alcohol, llegan incluso a comer
sentados a la mesa junto con otros humanos: “Los animales de afuera miraron del
cerdo al hombre, y del hombre al cerdo, y nuevamente del cerdo al hombre; pero
ya era imposible discernir quién era quién”.

La comodidad conlleva a una
metamorfosis no sólo espiritual, sino física. Los cerdos bien podrían usar guayaberas
o chalecos rojos. Estas vestimentas terminan siendo un uniforme que se porta
con orgullo partidario y es mostrado en cada uno de los eventos que ocurren día
con día. Cuando aparece algún funcionario en televisión parece inevitable
pensar en la última frase de la novela: “pero ya era imposible discernir quién
era quién”.
La frase de que todos somos
iguales se ha ido transformando desde aquél 1945 cuando salió publicado la
novela de Orwell. Ahora se habla de igualdad de derechos, equidad en
oportunidades, diferencias en las formas de ser y las necesidades. El asunto se
complejiza cuando se habla del derecho de la mujer por abortar, tema que ha
sido largamente discutido y que en nuestro país parece dar giros incómodos. Durante
el mes de julio en Veracruz se aprobó la reforma antiaborto propuesta por el
gobernador del estado. Las opiniones no se dieron a esperar y más cuando la
aprobación fue presenciada por miembros religiosos y organizaciones que
exigían, lo que parece un mito, la laicidad del estado. El asunto no terminó
ahí puesto que Tavata Calderón, subsecretaria de Mujeres Jóvenes del PRI,
escribió en su cuenta de Facebook un mensaje de tolerancia, respeto y cordura, propio de la fauna política: “Por
favor mujer haz conciencia con todo respeto si deseas andar de golfa hazlo, son
tus nalgas, pero cuidate y sino deseas tener hijos o no tienes la capacidad
para ello, responsabilizate y cuida tu vida sexual, no te conviertas en asesina
sólo por la calentura de un rato” (sic). Es “conmovedor” ver la soltura y vehemencia,
en tanto irreflexiva e impulsiva. La ética es algo que se torna público en el
sentido de que muchos políticos y religiosos se han convertido en verdaderos
expertos en la materia. Con argumentos sólidos y comentarios basados en investigaciones
científicas y humanistas levantan el dedo flamígero para dar cuenta de sus
propios prejuicios: “En Europa se están quedando sin población, la gente ya no
quiere tener hijos”, “defendamos la vida desde el momento de la concepción hasta
su muerte natural (después quitemos los derechos de las personas a decidir”. El
mensaje es claro, la mujer no tiene derecho a decidir sobre su cuerpo porque es
público, así como cuando va por la calle y es amedrentada por piropos. Muchas
personas se burlaron de los silbatos otorgados por Miguel Ángel Mancera en la Ciudad
de México, herramienta provista a las mujeres para dar aviso si son víctimas de
un abuso. Es claro que esto no solucionará el problema en su totalidad pero sí
hace responsable a la población para actuar en ese momento, a romper la
pasividad y la idea de: “el gobierno no lo ha hecho”. El fenómeno es claro, para esta forma de pensamiento hay elementos que son públicos, como el
cuerpo de la mujer pues es “sólo un recipiente”, pero la responsabilidad de
ayudar al otro es asunto del gobierno.

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